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martes, 5 de abril de 2011

Rafael Ariza en el recuerdo

Escrito por Esteban Romera Lunes 04 de Abril de 2011 06:58



El fallecimiento en el mes de octubre de Rafael Ariza Sánchez, maestro de capataces, ha dejado un recuerdo imborrable en el martillo de numerosos pasos. Será la de 2011, la primera Semana Santa sin su presencia.

Así, en San Julián, San Esteban, la Soledad de San Lorenzo y, sobre todo, en la O, la marcha de Rafael Ariza, «uno de los grandes de todos los tiempos», como lo definen en el mundo del costal, junto con la retirada hace dos años de su hermano José, tras cincuenta años al frente de numerosos pasos, dejan en el martillo a sus hijos. Y es que la legendaria saga de los Ariza queda garantizada por la herencia que ha dejado en esta «nueva» generación.

Rafael Ariza formó parte de una saga de capataces que llevan más de un siglo al frente de cuadrillas de costaleros y que han tenido el honor de comandar las cuadrillas de la Hermandad de La O durante más de setenta y cinco años de forma consecutiva, algo que no ha conseguido hasta la fecha ninguna saga en esta ciudad.

De esta forma, su hijo, Rafael Ariza Moreno, ayudado por sus hermanos Pedro y Ramón, y su primo Antonio (hijo de José), se han hecho cargo de las cofradías de la Hiniesta, San Esteban, La O y La Soledad de San Lorenzo, donde se vivirán momentos muy emotivos recordando la figura de Rafael Ariza.



sábado, 11 de diciembre de 2010

CINCO MEDALLAS DE BRONCE DE SEVILLA



ABC domingo 17 de mayo de 1964.


El jueves, noche, salieron del Ayuntamiento, escoltados por el aplauso de un público que así se sumaba al justo homenaje tributado por la corporación municipal, cinco nuevos medallas de bronce, a los que fui ayer a preguntar varias cosas.

DON RAFAEL ARIZA AGUIRRE

El taxista no daba con la calle Álvaro Peláez. Busca que te busca. Dimos tres vueltas al Tardón. Nada. Al final, subo hasta el piso cuarto del número dos de dicha calle. Huele a flores, a azahar, a casa limpia y fresca. Huele a gloria. Sale una guapa chica. Le sigue una señora. Luego, el hijo del capataz de pasos. Al minuto, el nieto. Finalmente, el anciano. Dormía la siesta. Hace ochenta y dos años nació en Triana. A los diecisiete años, ya era costalero. Durante más de sesenta ha sido capataz.
-Estoy muy impresionado. No esperaba la medalla.
-¿Por qué?
-Es el primer caso que se da. Imagínese mi orgullo.
-Sea sincero: ¿merecía la medalla?
-Sí.
-¿Razones?
-He trabajado toda mi vida por la Semana Santa sevillana.
-Abuelo: ¿a quién legará la condecoración?
-A toda la familia.
-¿Su familia que opina?
-Dicen que es una recompensa por mi constante labor.
-Capataz: ¿qué es la Semana Santa sevillana?
-Lo mejor del mundo.
-¿Su paso preferido?
-Hay tantos…
-Diga uno.
-El de Santa Cruz.
-Se pone la medalla, va a dar la primera llamada, ¿cómo lo hará?
-Con el máximo fervor.

domingo, 22 de agosto de 2010

Pepe Ariza


VÍCTOR GARCÍA RAYO. ABC. Lunes, 13-04-09
Vestido de negro, con hechuras de profeta, Pepe Ariza volvió la cara y caminó unos pasos cuando su hijo le dedicó la entrada en La Campana del paso del Nazareno de la calle Castilla. La emoción y la humildad no le dejaban estar cerca del martillo. Se hundía como la cabeza de su Dios de la cruz de carey. Ha dicho adiós en silencio, como lo hizo el Faraón, como lo hicieron los grandes. Saber irse es tan difícil que sólo lo clavan los genios. Es cuestión de corazón, elegancia natural y buena leche mamada.
El pelo de Pepe Ariza es plateado como el mejor sueño de Cayetano González, sus manos son de terciopelo, como los mantos que encajan el hilo de oro en los talleres de bordados sevillanos. Su voz es una corneta de la Banda del Sol, que limpia, fija y da esplendor a la tarde de puente morado y raso en el alma.
Se nos marchan cincuenta años de capataz, medio siglo de martillo y ronquera. Miles de ensayos, muchas vueltas, las levantás de seiscientos meses de trabajo y, sobre todo, la sencillez de un hombre capaz de emocionarse y apartarse de los objetivos cuando un hijo de su sangre le pide a la cuadrilla que se recuerden cincuenta años de amor y paciencia.
Ahora pienso en sus hijos, en su hermano Rafael, en todos sus sobrinos. Yo no estaba en el mundo cuando Pepe Ariza llamó a sus primeros martillos. Por eso siento este respeto, esta admiración por un hombre bueno. Lo acabo de ver en el video, vestido de negro con hechuras de profeta. Si pudiera, me metía en el palo ahora mismo para que llamara Pepe Ariza. Metería los riñones y, a su golpe de llamador, levantaría cincuenta años de vergüenza torera. Hoy no quiero relevo, quiero sacar y meter la cofradía del homenaje, del recuerdo de una persona que está sabiendo marcharse. Y es que tanto tiempo delante de ese Cristo que hunde la cabeza entre los hombros y viene entregado a la cruz desde Triana a Sevilla, debe marcar para siempre.
Llama cuando quieras, Pepe Ariza, que ya sueño que sigues mandando.